Levantándonos de una descansada noche, emprendimos viaje hacia las faldas del volcán Chaitén, en donde empezamos nuestro ascenso en un sendero de 2.2 kilometros de escalas naturales. En sí el sendero entregaba mucho que apreciar, en donde se repetían las nalcas y los helechos, en donde en los suelos también nos acompañaban obsidiana, piedras pome y riolita, minerales surgieron a raiz de la erupción del volcán. El camino era de nivel medio, en donde al final tenía gran dificultad, ya que era mucho más empinada y árida la subida.
Una vez llegamos pudimos vislumbrar el gran cráter que se había creado luego de la erupción, en donde se formaron dos domos y dos lagunas de distintos colores, probablemente por los minerales que tenían. En las rojas paredes de los domos fumarolas desprendían los gases internos del volcán como si fueran el vapor de un café recíen servido.
Hago mención especial a @fourwalking, una familia con dos niños, una de 8 años y el pequeño de 5, venían mochileando de Puerto Varas y su rumbo se dirigía hasta Ushuaia. Ellos incentivan las actividades y el aprendizaje al aire libre en los niños, generando en sus niños habilidades más dinámicas y un intelecto más intuitivo desde el interactuar con su entorno, algo que hoy en día se está perdiendo.
Una vez bajamos del Volcán, fuimos directo al camping del Parque Pumalín a armar carpa y a descansar.
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