Preparándolos para mis aprendizajes en el gran viaje que hice un par de meses atrás, debo contarles que a mi siempre me ha llamado la atención el hecho de que seamos seres capaces de crear hermosas obras llenas de emociones. Eso también me hizo mucho click al visitar a mis padres en Concepción, en donde, sin duda, admirar la necesidad y oportunidad de expresión que se encuentra en las calles, me hizo sentir la curiosidad de ver de qué forma podemos seguir creciendo, viendo como referencia artistas que usan nuevas estrategias de venta y de creación.
Entonces, a raíz de esto, uno de los grandes objetivos de éste viaje era conocer nuevas formas, más originales y rentables de hacer arte, generar redes para el beneficio de mi comunidad y aprender más del desarrollo artístico mundial.
Una vez tuve el ticket en la mano ya supe que se venía una gran aventura para mí y mi compañero, ya que él también quiso tomar este viaje para sus propios desafíos. Nos encontramos en Madrid y viajamos a Torrevieja, una pueblo lindo moderno y mediterráneos con la playa a su horizonte. Cerca de ese lugar, estaba el pueblito de Altea en donde conecté un pequeño taller «atelier» (lugar abierto al público en donde se produce y se vende arte) en donde Ira se encargaba de producir y vender las ilustraciones que hacía su esposo a través de serigrafías, un método de impresión que se hace a través de una matriz con químicos fotosensibles.
Éste primer acercamiento al arte me hizo entender que el este en su esencia es reproducible si usamos métodos artesanales de impresión. Éstos llevan mayor valor, ya que la mano de obra está inserta en cada proceso, desde la ilustración hasta la reproducción de la misma, siendo así cómo podemos diseñar una ilustración y con la serigrafía darles nuestro propio estilo.
Luego de Torrevieja, disfrutamos de Amsterdam con su bella arquitectura, calles limpias y gran entretención. Uno de mis lugares favoritos fue la casa de Rembrandt, famoso pintor renacentista del siglo XVII, que para sorpresa mía también usaba métodos de impresión artesanal, punta seca sobre cobre, el cual consistía en rayar con una gubia de punta una placa de cobre, en donde con una tinta al linóleo se rellenaba el bajo relieve, con el fin de luego ser presionado sobre un papel. Éste pintor destinaba cada habitación para un uso distinto; en el primer piso tenía su despacho y un salón para recibir visitas adornado con cuadros de óleo de su autoría o de sus pupilos y maestros. Generalmente, aquella piezas las vendía a familias de altos recursos. También tenía un pequeño cuarto para hacer cobros y registrar sus ventas. Abajo estaba la cocina. En el segundo piso estaba el estudio de arte donde pintaba, con sus colores manufacturados artesanalmente, con ocre, lapis lazuli, blanco de zinc, carbón, entre otros. Además, contaba con un cuarto de coleccionista que usaba como inspiración para su trabajo y un pequeño cuarto en donde tenía su prensa y materiales de impresión. Por último, en el tercer piso tenía un gran estudio con distintos módulos que ofrecía a sus estudiantes a cambio de una mensualidad. Ésta experiencia sin duda me hizo entender como un artista del 1600 organizaba su vida para hacer su negocio artístico algo sustentable.
Ya instalados en Bruselas, Bélgica, fuimos a recorrer la ciudad y llegamos de curiosos a un conjunto de enladrillados edificios bajos, pero imponentes, en donde nos ofrecieron asistir a una celebración de lanzamiento de una revista llamada Savage, al cual fuimos aquella misma noche, pero mientras íbamos camino a la casa para ir a prepararnos, nos topamos frente a Atelier de Hédè, una artista Canadiense la cual justo en ese momento iba a tener una muestra de su arte y una demostración de xilografía. La Xilografía es también un método de impresión artesanal, pero que ésta vez se realiza con una matriz de madera, teniendo la particularidad de entregar diseños en conjunto con las cualidades orgánicas de la forma de la vetas de la madera con tintas preparadas con vehículos oleosos y acuosos. Hédè estaba también exhibiendo un bello proyecto que había realizado con una agrupación de artistas de todo el mundo, en donde cada uno debía hacer una serie de 37 piezas, cada una enviaba a la dirección correspondiente de cada artista, esto hacía que cada expositor tuviese su arte en vitrinas de todo el mundo, una excelente forma de hacerse conocidos mundialmente.
Cuando llegó la noche nos preparamos para ir a la fiesta de Savage. Al llegar, nos dimos cuenta de que habían varios artistas de todas partes de Bélgica, en donde Marteen Bloomen un amigo artista con el cual congeniamos muy bien realizaba arte digital en 3d. Él imprimía y vendía hermosos prints de sus futuristas creaciones. El invitado estrella era Pablo Gonzales, mas conocido como Sozyone. Éste artista se dedicaba a trabajar tanto en pinturas, como esculturas, murales, impresiones, textiles, entre otras creaciones. Sus diseños y su forma de presentarse como artista al mundo de una forma tan profesional, me hizo entender que es super importante tener una identidad al momento de diseñar, de modo lo que uno crea debe identificar tanto al artista como al espectador y al momento de venderlo ser impecable con el oficio y presentación del producto.
Ya con la motivación e inspiración de todos estos artistas y disfrutando visitas a museos en Bélgica, Londres y Francia, nos encontramos con una nueva forma de vender, ésta vez, utilizando la comunidad a favor de los artistas. Resulta que algunos años atrás en una icónica calle de parís, había una casa de 5 pisos desocupada, en donde distintos grafiteros y artistas freelance se tomaron el lugar, habitándolo y ocupándolo ilegalmente. Hoy en día éste lugar funciona como un tipo de museo contemporáneo en donde en cada habitación hay artistas trabajando y exponiendo al público, deleitándonos con su arte innovador, adornando las amplias paredes con saturadas, volumétricas, brillantes y disruptivas imágenes.
A medida que fui avanzando, también me fui dando cuenta de la inspiración en la que se basaban los artistas de la época antigua, de miles de años atrás, culturas de distintas locaciones, Asirios, Islámicos, Cristianos, egipcios, griegos, pueblos indigenas, entre otros, que veían lo divino, lo espiritual, como un punto de partida al empinar sus manos a crear. El enfoque hacia lo divino y sutil, ejerce una infinita energía de motivación y dedicación a trabajar de la mejor y más prolija manera, con una gran motivación que puede durar todo la vida así como lo vemos en la vida de Gaudí y su inspiración en la naturaleza como creación de Dios.
Existen distintas formas de vender arte, ya sea en asociación con gremios de artistas, uniendo fuerzas, teniendo la capacidad de generar matrices para poder vender en serie, mostrando el trabajo que se realiza a través de un atelier e incluso generando instancias para ser vistos, pero sin duda, me puedo arriesgar a decir que el arte sin una fuente de inspiración, se pierde en el tiempo, la convicción y creencia tiene que tener un sentido desde el corazón, conectando con un significado casi que espiritual, siendo tan fiel a la idea, que la dedicación y preparación están hechas con pasión y convicción.
Es así que los invito entonces, a conectar con ustedes mismos, a conectar con lo que realmente ustedes creen, desean y quieren compartir. Con aquello que es un servicio y un aporte para otros. Para que de esa forma, el arte que creen, sea útil, valorado y prevalezca en el tiempo.
Con cariño les dejo ésta entrada de blog, para introducirme éste año nuevamente a la escritura... quiero seguir viajando, seguir escribiendo y sobretodo seguir compartiendo con ustedes todo lo que voy aprendiendo en mis viajes, tanto en el mundo, como artísticos y espirituales.
Les dejo un gran abrazo!
Lore.






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